Las Elecciones "democráticas"

" Yo no quiero gobernar ni ser gobernado, no quiero reinar ni ser súbdito, no quiero doctrinar ni ser doctrinado.

A mi, que nunca tengo el poder y que sin embargo lo hago; a mi, que pago dinero al opresor, cualquiera que sea y de donde quiera que venga, y que de alguna manera soy siempre el oprimido.

¿Qué me importa a mi este columpio que alternativamente abate y exalta la cobardía y la abyección? ¿Qué tengo que decir del gobierno y de la oposición, si no que ésta es una tiranía en formación y aquel una tiranía de hecho?

¿Por qué despreciar más a este campeón que al otro, cuando ambos no se ocupan si no de edificar sus placeres y sus fortunas sobre mis dolores y mi ruina? "


¡Las Elecciones "democráticas" no son más que un FRAUDE!

Dicho esto, afrontaré la situación sin preocuparme de los sentimientos de miedo o de los sueños de esperanza que podrán empujar de vez en cuando a mi favor o en mi contra, a los evocadores de la monarquía y los profetas de la dictadura democrática. Usando la inalienable facultad que me dan mi título de ciudadano y de mi interés como ser humano, razonando sin pasión así como sin debilidad; austero como mi derecho, calmo como mis sentimientos diré:

Cada individuo que en el presente estado de las cosas, pone en la urna electoral una papeleta para la elección de un poder legislativo o de un poder ejecutivo (llamesele referéndum, "fiesta democrática" o como se le quiera llamar) es -si no voluntariamente, al menos por desconocimiento, si no directamente al menos indirectamente- un mal ciudadano. Ratifico lo dicho sin quitarle una sílaba.

Al presentar la cuestión de este modo, me desembarazo de una sola vez de los democráticos, que persiguen la realización del monopolio electoral, y de los gubernamentalistas republicanos, que hacen de la formación de los poderes políticos un producto del derecho común.

En realidad caigo no en el aislamiento, -que por otra parte me preocuparía poco-, si no en medio del vasto núcleo democrático, más de un tercio de los electores inscritos, que protesta con una abstención contínua contra la indigna y miserable suerte que le hacen sufrir, desde hace años la hedionda ambición y la no menos despreciable rapiña de los partidos y de los vividores, por lo tanto es exacto decir que los poderes políticos se forman sin la anticipación de más de un tercio de los cuidadanos del mal llamado país.

Es a ese tercio al que me dirijo, porque allí se convendrá en ello, no existen el miedo que vota bajo el pretexto de conservar, ni la ignorancia servil que vota por votar; allí existe la serenidad filosófica que fundamenta en una conciencia apacible el trabajo útil, la producción no interrumpida, el mérito oscuro, el coraje modesto.

Los partidos han calificado de malos ciudadanos a estos sabios y serios filósofos de los intereses materiales, que se mezclan a las saturnales de la intriga; los partidos tienen horror de la indiferencia política, metal sin poros que ninguna dominación puede corroer.

Es tiempo de prestar atención a estos legionarios de la abstención, porque es entre ellos que se encuentra la verdad, es entre ellos que reside la libertad, tan exclusivamente, tan absolutamente, que esta libertad no será alcanzada por la humanidad si no el día en que el pueblo entero imite su ejemplo.

Para aclarar la demostración que estoy haciendo, debo examinar dos cosas: primero ¿cuál es el objetivo del voto político? Segundo ¿cuál debe ser inevitablemente su resultado?

El voto político tiene un doble objetivo, directo e indirecto; el primero es constituír un poder, el segundo es -una vez constituído éste- "liberar a los ciudadanos y reducir las cargas que pesan sobre ellos, y además hacerles justicia."

Este es, si no me equivoco, el objetivo reconocido del voto político, en cuanto al interior. Aquí no está en cuestión lo que atañe al exterior, por tanto yendo a votar, el elector reconoce que no es libre y atribuye a aquél por quien vota la facultad de liberarlo, confiesa que está oprimido y admite que el poder tiene la fuerza de volverlo a levantar, declara querer la institución de la justicia y concede a sus delegados toda autoridad para juzgarlo.

Muy bien, pero reconocer a uno o más hombres estas capacidades ¿no es poner mi libertad, mi fortuna y mi derecho fuera de mi? ¿No es admitir formalmente que éste o éstos hombres -que pueden liberarme, volver a levantarme y juzgarme-, son capaces así mismo de oprimirme, arruinarme, juzgarme mal?

E inclusive les es imposible hacer otra cosa, considerando que, al haberles sido transferidos todos mis derechos, yo ya no tengo ninguno y que protegiendo el derecho, no hacen si no protegerse a sí mismos.

Si yo pido algo a alguien, admito que éste tiene lo que yo le pido, sería absurdo que hiciese una petición para obtener algo que ya está en mi poder. Si tuviera el uso de mi libertad, de mi fortuna, de mi derecho, no iría a pedírselos a nadie. Si se los pido, probablemente es porque éste los posee y, si es así, no veo del todo claro qué elecciones mías tenga que recibir acerca del uso que considere oportuno darles.

Pero, ¿cómo es que el poder se encuentra en posesión de lo que me pertenece? ¿Cómo lo ha conseguido? El poder, tomando como ejemplo aquello que tenemos delante, está constituído por el señor "don fulano" quien, todavía ayer, era un pobre proscrito sin demasiada libertad, y sin más dinero que libertad; por setecientos cincuenta "júpiteres" tonantes que -vestidos como todos y no más bellos ciertamente-, hace unos meses hablaban con nosotros, -y no mejor que nosotros, oso decirlo-; por siete u ocho ministros y sus acólitos, la mayor parte de los cuales, antes de tirar las cuerdas de las finanzas del país, tiraban de la cola del diablo con tanta obstinación como un amanuense cualquiera.

¿Cómo ha sucedido que estos pobres desgraciados de ayer sean mis patrones de hoy? ¿Cómo es que éstos señores detentan el poder al cual han sido enajenadas toda libertad, toda riqueza, toda justicia? ¿A quién hay que responsabilizar por las persecusiones, las imposiciones, las iniquidades que sufrimos todos nosotros? ¡A los votantes, evidentemente!

El Tribunal Supremo de Elecciones, que fue el que empezó a meternos en el baile, el señor presidente, quien continúa la instrumentación; y la Asamblea Legislativa, que ha venido a reforzar la orquesta, todo esto no se ha hecho solo. No, todo esto es producto del voto y las elecciones. A todos aquellos que han votado alguna vez en sus vidas les corresponde la responsabilidad de lo que ha sucedido y lo que seguirá. Nosotros, libertarios del trabajo y de la abstención, no aceptamos esa responsabilidad.

No busquen entre nosotros la solidaridad con las leyes opresivas, los reglamentos inquisitoriales, los asesinatos políticos, las ejecuciones policíacas, los privamientos de libertad, los desalojos, las deportaciones... la crisis inmensa que aplasta a la humanidad. ¡Vayan a golpearse el pecho y a prepararse para el juicio de la historia de la humanidad, maníacos del gobierno!

Nuestra conciencia está tranquila. Ya es bastante que, por un fenómeno que repugna a toda lógica, suframos un yugo que sólo ustedes han fabricado, ya es bastante que hayan empeñado, junto con lo que les pertenecía, lo que no les pertenecía -lo que debería ser inviolable y sagrado-, la libertad y el futuro de los demás.

3 comentarios:

Violento.TV dijo...

La Revolucion Violenta

El estado es una fuerza de represion, sea este socialista o capitalista. Para obtener una verdadera libertad, es necesaria una revolucion violenta, un proceso de extincion del estado. No necesitamos un gobierno que nos oprima, o un gobierno que venda nuestra libertad a potencias extranjeras (ya sean Rusos o Americanos). Tenemos que ser libres y desarrollar nuestra propia identidad. No interesa si vivimos en democracia o dictadura, ambas son iguales, ambas nos oprimen, ambas nos imponen su politica. La libertad del pueblo solo se podra alcanzar sin un poder opresor. Se libre. Vive libre. Exije tu libertad.

Violento Television
Violento, rebelde y libre.

Anónimo dijo...

"Tu libertad" me vale verga, estúpido.

El pueblo escoge gobiernos porque LE DA LA GANA HACERLO ASÍ.

Si no le gusta, sufra, déjese la barba, rápese o lo que le dé la gana. El mundo jamás va a cambiar y mucho menos por enanos espirituales como ustedes.

Akratas Blog dijo...

Me imagino que los padres de "Anónimo" son políticos explotadores.